El Asalto a las Instituciones

Rodrigo Fresán

* Contiene lenguaje adulto

...y todo parecería indicar que durante este verano va a ser la cosa, el gran acontecimiento que toda la ciudadanía espera, ja. Al menos no me puedo quejar, el tiempo y la suerte parecen estar de mi lado: el comienzo de las clases se sigue postergando y te juro que la veo a Nina y no puedo pensar en nada más que en eso. Me quedo como un idiota y ahí nomás aparece mi viejo con eso de la edad del pavo. La verdad que los primeros días fueron una mierda, no paraba de llover. Pero desde hace una semana hay un sol bárbaro y nos pasamos todo el día en la playa. Lo que complicó un poco las cosas, porque ahora, además del suplicio de estar todo el tiempo con Nina pensando se lo digo, Ninna está todo el tiempo en traje de baño. Rojo. No sabés lo que es, si la vieras te morís. Bueno, por lo menos yo me muero todos los días y si el clima sigue así te juro que tu buen amigo Martín se va a quedar sin su mano izquierda, no sé si me entendés. Pensar que hace dos o tres años no me la podía sacar de encima. Parece mentira, ahora tiene catorce y yo le ando detrás como un perro idiota. Y eso que ya tengo dieciséis. Qué sé yo, a veces pienso que ya tendría que estar para otra cosa. ¿Se dará cuenta ella? Espero que no. Te imagino leyendo esto y seguro que te estás riendo como un loco pero, claro, vos ya debutaste y yo no; así cualquiera s ríe. Pero vos fuiste con una puta y yo en cambio me voy a jugar con Nina, vamos a ver qué pasa, si es que pasa algo.

Cambiando de tema, te comunico que en una librería de Gesell conseguí el tan ansiado Los Dos Tigres de Emilio Salari, lo que me plantea otro problema porque yo ya voy por la mitad de Martin Eden y consideraba mi etapa Sandokán como definitivamente superada. Ahora que lo pienso, la verdad que esta es una edad de mierda. Para peor, me da la impresión de que para las minas no es tan terrible. Nina, por ejemplo, no sé si te hablé de ella (ja-ja-ja), tiene catorce pero, no sé, parece como de dieciocho. Tal vez sea porque las chicas no tienen que hacer el servicio militar y entonces nos sacan ventaja. La verdad que es una mierda. Toda es una mierda y quizá deberíamos pensar mejor eso de ser escritores porque me parece que eso nos está pudriendo la cabeza, que somos como más sensibles a las porquerías de la vida. El viejo no para de escuchar las noticias de Buenos Aires por la radio, mamá no para de decir que ya sabía que todo se iba a ir al carajo y ahí viene Nina de nuevo moviendo el culo en su traje de baño rojo. Contestame apenas recibas esta carta que, como dicen en Misión Imposible, se autodestruirá en cinco segundos...

.. ya sé, estoy segura: si leés todo esto lo primero que vas a decir es uy, Nina se volvió loca o algo por el estilo. Pero no, en serio. Querido diario: ayer fue 24 de marzo de 1976 y, si lo pensamos bien, son pocas las chicas que tienen la suerte de que su historia coincida con la historia del país. ¿Qué digo? Y bueno, a mí me pasó y una cosa es segura: nunca me voy a olvidar de la fecha, de la fecha de mi primera vez, porque cha-chán cha-chán, a Nina se la voltearon el mismo día en que voltearon a Isabel Perón. Te juro que no es mentira y si miento que me caiga un rayo en la cabeza. Como te iba diciendo: él me llamó con una cara seria, como si estuviera por ponerse a llorar. Yo acababa de volver de la playa, era a la tardecita pero todos andaban por ahí, pescando creo. Yo recién entraba y me dijo que tenía que decirme algo muy importante, que por favor me sentara. La verdad que yo no tenía muchas ganas de ponerme a hablar de cosas importantes y además viste cuando estás con el pelo lleno de arena. Pero estaba en su casa, después de todo. Y, no me preguntes cómo, pero de repente me estaba pasando la mano por la cabeza y ya te podés imaginar. La verdad que no duele mucho y al final, no sé, es como si una mariposa te hiciera cosquillitas en el estómago y como si te murieras. Como si te murieras feliz y en cámara lenta...

...te pido que lo que te voy a contar ahora no se lo cuentes a nadie. En realidad no tendría que contártelo pero la verdad es que no doy más, viejo. Todo se viene abajo. Con Irma la cosa no va más, en serio, y estas vacaciones terminamos por reconocer los dos que, de no haber sido por Martín, ya nos habríamos separado hace un rato largo. No sé, tal vez me equivoque, tal vez es esta sensación de derrota que se me está instalando en todos los rincones desde que me enteré, quién sabe. Lo concreto es que ayer hablamos con Buenos Aires y era cierto nomás: a los padres de Nina se los llevaron. Uno de los vecinos dijo que vio cómo paraban tres autos frente a la casa. Al menos eso fue lo que nos dijeron. El tema, claro, era quién carajo se lo iba a decir a Nina. Irma, tan práctica como siempre, dijo que «Ah, no, querido, eran tus amigos y después de todo la idea de traerla de vacaciones fue tuya, así que...». Y te juro que en eso estaba. Recién terminaban las noticias en la radio y mejor no me preguntes cómo pero terminé desvirgándome a la nenita. No le dije nada, además. No pude. Así que este es el cuadro de la situación: estoy de vacaciones con un hijo que se pasa todo el día leyendo debajo de la sombrilla, una mujer que no me soporta y la hija de mis dos mejores amigos, la hija de dos muertos en potencia, a quien ayer le abrí las piernas mientras al fondo se oían marchitas militares en cadena nacional. Lo más raro de todo es que, por un lado, tengo la sensación de que peor no podrían estar las cosas; y por otro, no sé, estoy casi seguro de que la parte más terrible de la historia aún no empezó sino que va a empezar en cualquier momento, el día menos pensado, cualquier día de estos.

No hay cosa más jodida, viejo, que andar queriendo olvidarse de lo que todavía no ha ocurrido.