El enigma del fuego crudo
Horacio SaucoI.
El hombre murió. Tenía 32 años. Quedaban ahora una hembra de 13, otra de 18, otra de 11 y un macho de 5. El hombre había sido el segundo macho en su cronología personal de los hechos que había intentado explicarse a sí mismo y de cuyo intento quedaba este dibujo en la arenisca.
Fue lo último que dibujó, y después se pasó horas y horas mirándolo a lo largo de los días que le sobraron viviendo después de su empresa. Lo había dicho todo.
II.
Trece años antes de ésto tuvo ese sueño, y a consecuencia de ello el hombre pensó por primera vez. Trató de recordar su origen, pero cuanto más atrás se dirigía, más se le volvía su recuerdo un sueño de algo fosforeciendo en la superficie de una ondulación oscura y no más. Estamos entre nosotros, y por ello digamos que 19 años atrás el primer macho y la primer hembra, teniendo 19 y 15 respectivamente, se habían apartado de la manada simplemente quedándose cuando los otros se fueron del lugar. Sencillamente, no habían sentido la obligación de marchar que movilizó inquietos a todos los demás. Ese lugar era apto. Había agua, frutas algunas estaciones, huevos cuando la época, reptiles pequeños y moluscos la mayor parte del tiempo, y aún entre la grava abundaban alimentos que se desechaban. El clima era benigno, sin inviernos rigurosos, y para esa época bastaba enterrarse un poco en el tapiz de hojas que amontonaban en el piso de la cueva de modo que al irse fermentando generase calor en su interior. A una palma de la superficie ya no hacía frío, y tan así era ésto que incluso muchas veces aparecían entre las hojas suculentos brotes fuera de estación. Aún sin esas hojas era confortable el piso de la cueva, de una tierra blanda, mayormente una arenisca finita que registraba la huella de los cuerpos como otra forma de la sombra. Así que cuando nació el segundo macho sólo había 3 seres humanos en ese territorio y por ello el segundo macho ignoraba la existencia de otros seres humanos.
El hombre recordaba aquellos dos seres que ahora faltaban. Recordaba el calor de esos cuerpos y el roce peludo y el roce liso en cada uno y eran distintos porque la hembra era más lisa y tenía otros olores. A la que más recordaba era a la hembra, la recordaba con sabor agrio y dulce. No había fornícado con aquella, la fornicación comenzó para él cuando ella ya no estaba, así que esta primera hembra se asociaba a recuerdos distintos de las otras. Todas las hembras alimentaban pero ésta era la "hembra patrón", por llamarla de algún modo. Muy de pequeño había aprendido e inventado la palabra "ma" para llamarla, pero "ma" era también comida, calor, grande, afirmación, su cuerpo y cada una de sus partes; así como "qui" era indistintamente lugar, pie, movimiento de ir o venir, y "na" era todo lo que no es. Nunca había necesitado otras palabras. Tampoco tuvo necesidad del fuego. (Hoy en día podríamos jugar con la idea de reunir estos tres monosílabos y formar la palabra "máquina", pero esto no es más que una de esas bellas paradojas que la realidad dibuja por sí sola). "Na" era fácil de escribir: había que pasar la mano alisando la superficie, borrando lo impreso; para "qui" hacía la huella de un pie, y para "ma" la de una mano. De pequeño había jugado a éso en el piso de la cueva y ahora lo recordaba. Pero no podía recordar su origen.
III.
En cambio sí sabía el origen de la cuarta hembra que había sido parida por la segunda al igual que la tercera y la segunda había sido parida por la primera aunque no pudiera recordarlo. Se mareaba tratando de recordar sin orden la sucesión de tiempos fríos y cálidos hasta que comprendió que podía ayudarse con las huellas en la tierra. Dibujó a la primer hembra haciendo un pocito, a su derecha dibujó al primer macho trazando una línea y se dibujó a sí mismo al otro costado de la hembra (IOI). Esa era la posición en que dormían en aquellos primeros tiempos. Después hizo "na" y dibujó nuevamente la primer hembra, ubicó en el mismo lugar al primer macho y dibujó la segunda hembra al lado de la primera y después de ella se dibujó él (IOOI). Volvió a hacer "na" y esta vez dibujó al primer macho, a su izquierda él, y más allá a la segunda hembra (IIO). Borró todo nuevamente. Se dibujó a sí mismo, puso a su izquierda a la segunda hembra y luego al primer macho (IOI). Volvió a borrar. Recomenzó con él, la tercera hembra, la segunda y el primer macho (IOOI). Después borró al primer macho, puso a la segunda hembra a su izquierda, la tercera a su derecha y agregó una cuarta a la izquierda de la segunda (OIOO). Esa era toda su historia hasta el presente. Y el sueño.
IV.
Una rara sensación se adueñaba de él cuando lo recordaba. Había sido hace poco, en esta misma estación. No es que antes no hubiese soñado nunca, pero en sus sueños anteriores se repetían los hechos recientes mezclados de "ma" y "qui". Ese día él se había apagado y vuelto a prenderse. Nunca antes había pasado algo así, de modo que luego durmiendo soñó con el eclipse. El sueño comenzaba repentinamente con el anillo de luz en torno al disco oscuro y era de noche. Una hembra asustada trataba de desenredarse de una maraña vegetal que parecía querer succionarla. La hembra jadeaba. En sus contorsiones chocaba contra un macho excitado. Ella estaba ahora libre de la red vegetal pero continuaba asustada porque estaba siendo copulada por un saurio. La hembra pareció gritar, pero en lugar de escuchar su sonido se hizo de día por un instante tan brusco como la oscuridad que se rehizo mientras el saurio se retiraba dejándole los genitales mojados y después el sol se volvía a encender pero no alumbraba. Las aguas, que se habían detenido al principio, volvían a moverse. Entonces se despertó oliendo un peculiar olor a sexo que provenía de la tercer hembra, así que la poseyó y luego siguió durmiendo.
Como no tenía palabras para narrar lo que había soñado no pudo contarlo pese a que lo recordaba una y otra vez. Si la comunicación hubiese existido habría sabido que ese mismo sueño fue soñado al mismo tiempo por la segunda hembra; pero lo ignoró siempre. Otra cosa que no descubrió y que sin embargo fue la consecuencia más inmediata, fue el hecho de que de la noción de sueño brotó en él la noción de tiempo, así como la de la vigilia había consignado el espacio.
Por aquel entonces la segunda hembra contaba 12 años, la tercera 6 y la cuarta 1.
V.
Nada digno de mención le volvió a suceder hasta pasados dos años, luego de los cuales de la segunda hembra nació una quinta. Para aquel entonces las modificaciones en el carácter de las hembras preñadas le fue sugiriendo la idea de ciclo, ritmo como causa y efecto, como los cambios de alimento y los tiempos fríos y cálidos. Como los movimientos de la luna que eran dos y se combinaban con las menstruaciones. Había empezado a preguntarse si los otros también se interrogaban su pasado, pero no tenía forma de descubrirlo.
Nadie parecía prestar atención a sus dibujos. Alguna vez la segunda hembra lo miró con curiosidad hacer marcas, pero después la cuarta se puso a retregársele y desvió su atención hacia ella en un juego de amamantar sin ganas, y después siguió con otras cosas y nunca más volvió a prestar atención a la actividad dibujística del macho. Sin embargo a veces se quedaba quieta, muy quieta con la mirada perdida en un punto fijo, o tomaba una cáscara de huevo y examinaba su interior con detenimiento más allá de que supiese que ya no contenía alimento. Sin embargo, no había modo de saber si su pensamiento era constantemente erátil como su actividad. Pero a los 23 años tuvo otro sueño. Soñó que se encontraba en otro lugar y estaba caminando. Observaba los árboles y todo era distinto. Había piedras con formas rectas y eso era lo que más le llamó la atención junto a cierta noción de simetría que pareció estar presente en las flotaciones extrañas pero que olvidó completamente curioseando por esa asociación rectilínea de las piedras, pues la forma recta era algo indisolublemente implícito en la idea de actividad humana, de algo que no existe de por sí. Así que se arrimó a esa línea de piedras que le llegaba a la altura de la cintura y en eso descubrió, más allá entre un matorral, una hembra que no conocía. La hembra estaba escondida mirando hacia otro lado con mucha atención y por eso se sobresaltó al escuchar su presencia. En la dirección en que había estado mirando la hembra y no lejos de allí la línea de piedras se dividía en dos líneas que se iban separando por entre los verdes. En ese otro sector había un pájaro casi tan grande como las piedras, que giró la cabeza meciendo una crestita de plumas de luz y miró directamente a la hembra, y él pudo ver en esa mirada dirigida a él al pájaro mostrar sus plumas como en cortejo. Después la hembra estaba muerta y estaban en otro lugar, una cueva amplia en la que hallaba una luz de fuego en algún lugar, y le llegaban sonidos extraños y había otros dos machos y otras dos hembras igualmente desconocidos. Había dos estatuas marcando los pies y la cabeza de la muerta y las otras dos hembras tendían una especie de red con forma de pez entre éstas. Uno de los machos aulló y se despertó sin poder identificar ese aullido. Estaba como asustado pero sin miedo.
Se quedó despierto sin volver a dormir hasta que a la noche siguiente lo venció el cansancio. De momentos se quedaba quieto y después comenzaba movimientos que no concluía, volviéndose a detener a recordar un sueño y otro y a tratar de hilvanar los sucesos de su vida en torno a esas nociones de ciclos que tenía que ver con fornicaciones y crías y muertes. Intentó marcas y las borraba agrupando hembras y alimentos y su cuerpo y lunas y sueños, y cuando cayó cansadamente en el sueño había llegado a intentar separar y reunir el conjunto de cosas del conjunto de sucesos. Ahora "ma" y "qui" tenían fusiones entre sí; había algo de "ma" en "qui" y había "qui" entre "ma" y "qui" y "ma" podía tener o no "qui". Poco después hubo fuegos en líneas rectas en la noche y sólo por aquel casual de mirar y mirar la luna los vio por primera vez en toda su fugacidad y de esta forma el fuego entró a formar parte de su enigma y descubrió que el fuego no era ni "ma" ni "na" y que de algún modo era "qui".
Las palabras ya no le servían, eran demasiado pequeñas para abarcar estas nuevas realidades y tampoco le servían de mucho sus puntos y sus rayas en la tierra, así que volvió sobre aquella primera impresión de la mano y del pie que tampoco le servía de mucho, pero haciéndolo se le ocurrió imitar la huella de todo un cuerpo al cual agregándole algunos elementos se tornaba muy ilustrativo y podía diferenciar las hembras por su tamaño, y hasta visualizar la preñez. Este sistema de siluetas era extensible a todas las formas, pero no podía escribir "qui".
Había dado un paso en el ordenamiento genealógico pero no podía apartarse de la sustantivación y su obsesión estaba ahora centrada en las relaciones y no en las cosas, de modo que dibujaba el sustantivo, imaginaba el proceso, y registraba el sustantivo efectuado. Después se quedaba absorto en el vacío que unía a los dos dibujos.
A los 25 años soñó por tercera vez. Fue un sueño muy breve. Estaba mirando desde el interior de una cueva hacia afuera desde una posición cercana al suelo. Se vio a sí mismo fuera de la cueva. Era la primera vez que se veía a sí mismo en un sueño, y su imagen soñada vino cautelosamente hasta la entrada y se quedó mirando hacia el lugar desde el cual él miraba; entonces su imagen soñada entró a la cueva e iba hacia él cuando debió levantarse porque el ángulo de la visión se modificó hasta igualar la otra mirada y despertó teniendo delante suyo la entrada de la cueva. Se preguntó quién era aquel a quien no le había visto el rostro, quizás el primer macho había regresado de su muerte. Entonces reflexionó que sólo después de aquella muerte habían comenzado sus sueños. Como si quisieran mostrarle algo que no alcanzaba a entender todavía pero que sentía muy en lo profundo afectando su ser, tanto como para haberlo llevado seis años atrás a esa interrogación sobre su origen y que no era otra cosa que una forma primaria de interrogarse por su identidad.
VI.
Cuando llegó a la edad de 27 años había avanzado bastante en eso de cronologar apariciones de frutos y partos, había tratado de diferenciar cada una de las veces que en su vida recordaba la caída de las hojas a partir de retazos de memoria de cosas que hubiesen pasado, y más o menos podía calcular a grosso modo las edades de cada uno menos la suya. La memoria se extraviaba siempre en ondulaciones oscuras confundiéndose con sueños fosforados de colores. Había visto a los pequeños aprender a incorporarse y a marchar, pero en su memoria él siempre había marchado. Una extensión de amnesia lo separaba de su origen y en esa extensión apenas había como islas de sabores agridulces de la primera hembra y todo eso que de algún modo era "ma".
Para ese tiempo sucedieron una multiplicidad de accidentes casi simultáneos como nunca antes en su vida. Primeramente reingresó en sus fornicaciones la tercera hembra que ya contaba 8 años y esta hembra se apegó a él mucho más que las otras, pasaba más tiempo hurgándole alimañas entre los pelos que buscando alimento y también espantaba las pequeñas sabandijas que se habían multiplicado en gran número en la cueva, pero sólo si intentaban arrimarse a la porción de alimentos que separaba para él. En ciertas cosas esta hembra se parecía a la primera. La segunda tenía 13 años y mostraba signos de preñez. La cuarta había alcanzado la edad de 6 y ya su cuerpo empezaba a prepararse para menstruar. Después que cayeron las hojas de los árboles el frío castigó de una manera inesperadamente rigurosa y el calor de la putrefacción apenas entibiaba. Pasaron días ventosos ululando insistentemente a la entrada de la cueva y otros días en los que ni aún al sol dejaban de tiritar. Una de esas noches recordó el fuego que había visto en aquella otra cueva de aquel sueño y lo deseó con todas sus fuerzas; quizá por ello volvió a soñar. Soñó que era un árbol tratando de crecer pero una fuerza misteriosa se lo impedía y lo hacía agonizar en una llanura ya perdida. Sabiendo que moriría como árbol se dijo un "que será de mí" y se vio seco y abatido y después vio su madera ardiendo en el interior de la cueva calentando a las tres hembras y a un nuevo macho y un éxtasis de alegría se desencadenó bombeando latidos por todo su pecho hasta que se despertó en lágrimas abrazado a las hembras sintiendo un calor que emanaba de él y los protegía del frío. No pudo pensar, no sacó ninguna conclusión más allá de la obvia premonición de la muerte, de esa muerte que equívocamente se le había hecho presente también en los otros sueños y que era su destino. Se había comprendido en toda su mortalidad. Ya no volvería a soñar.
Cuando pasó la estación fría la segunda hembra parió al tercer macho. Por primera vez nacía otro macho y ella le confirmó la idea de un ciclo que se completa y sintió próxima la muerte y también sintió que de algún modo ese recién nacido era él mismo. La ebriedad del amor le ladeaba la cabeza, le entornaba los párpados, le pulsaba en el pecho, y él mismo ya no era él mismo.
VII.
En el tiempo que siguió abandonó su empresa y se entregó al deleite de la conciencia de la fugacidad. Su mirada calma se paseaba por las cosas que fluían naturalmente en sí mismas y el misterio libre de interrogaciones mostraba toda la esbeltez de la forma muda. Recordaba, sí, pero por el mero hecho de recordar. Las cosas habían vuelto a ser sustantivos puros. Una línea podía significar un macho y un pocito una hembra, pero independientemente de ello la línea o el pocito en sí mismos eran cosas atractivas de por sí; y fue por ello, casi por puro azar, que cierta vez se retrató como línea y puso a su lado otra línea que era el tercer macho que era él y se quedó mirando la forma pura de esas dos líneas en sí mismas, y allí brotó en él la conciencia de las paralelas. Entonces sus ideas se movieron como estrellas en el cielo reflejándose unas en otras sin simetría y cayó de espaldas estupefacto. Lo había comprendido todo.
VIII.
Reformó, entonces, el idioma. "Arx" era el grito de las hembras al parir; "irx" era el aullido aquel que no comprendió en su segundo sueño y que vio como luz en el primero.
La letra "X" era "lugar", la letra "R" era la grieta (el "no ser" de "lugar") y la letra "A" era "ser", cuerpo. De modo que "arx" dibujaba al ser entrando por el no ser al mundo efectivo.
Había tomado la letra "A" de la palabra "ma", en "X" puso "qui" y la "R" se la sugirió el rozarse de las cosas en movimiento, el sonido del viento. Así como las hembras en su interior creaban al hombre, el universo era el interior de una Gran Hembra invisible que recreaba al ser; y así como el nacer a la Gran Hembra era el "morir" para la otra, el morir en la Gran Hembra era otro nacer. La pequeña hembra tomaba de la nada el ser y lo hacía materia que la Gran Hembra tomaba y lo hacía idea, sueño. Este nuevo ser era la conciencia de ser. Conciencia y ser se reflejan entre sí como la identidad de las paralelas, que siendo 2 implican como tercera su identidad única.
Este era, pues, su origen; tan claro y tan oculto en su misma claridad. Lo que el hombre era era aquello que la hembra hacía de él. Había un principio creador del cual él era creatura; él, en sí mismo, no tenía existencia. Por ello "arx" se escribía como ♀.
Después de su muerte el grupo se mantuvo unido un tiempo hasta que las hembras se pusieron en marcha, inquietas por la falta de fornicación. La segunda y la tercera no regresaron y la pareja que quedaba abandonó el sitio sin razón alguna como había sucedido 35 años atrás con el resto de la manada.
***
FICHA TÉCNICA
- La equis no incluye el signo que nombra. Esto me llevó a pensar que el signo era anterior a la escritura del monosílabo "qui", que aparece en palabras como quicio, requisito, aquí, quieto y equiparar; y sumé a esto el carácter de marca que aún hoy subsiste en el uso cotidiano del signo X y el uso de la equis como incógnita en el álgebra; y sobre esta base traspuse la sentencia de Mahoma "el paraíso está donde pisan las madres".
- Efectivamente la raíz "ma" aparece implicada en mamá y mamar tanto como en máximo.
- Arx denominaba matriz y como raíz genera arca, arcángel, arcano y arquitectura.
- El signo ♀ remite tanto al símbolo anzado como a la letra T que se asocia al universo y a teo.
- Finalmente, un eclipse es una interposición entre dos paralelas.