En Todas Partes y en Cualquier Lugar

Pimm van Hest

La mamá de Yolanda ha muerto.

Falleció. Se ha ido.

Yolanda la echa muchísimo de menos.

Tanto... que no hay palabras para describir cuánto.

Yolanda estaba hablando con ella.

Y al cabo de un instante, dejó de respirar. Su corazón dejó de latir.

Yolanda se quedó con ella mucho rato, sosteniéndole la mano...

Que, despacito, se fue quedando fría.

Su mamá seguía allí y, sin embargo, ya no estaba.

A los mayores no les gusta hablar de la muerte.

Prefieren permanecer callados.

Callados, como está mamá ahora.

Quiere saber dónde está su mamá.

En alguna parte tiene que estar, ¿no?

«Mi vida, si me buscas, me encontrarás».

Así que Yolanda decide ponerse a buscar.

A buscar a su mamá.

A su mamá, que ha muerto.

Empieza por Julián.

Es su hermano y tiene cuatro años.

A lo mejor, sabe dónde está mamá.

La puerta de su cuarto está entreabierta.

Le oye hablar.

Hablar con mamá.

¿Cómo puede ser?

Yolanda abre la puerta de golpe.

Julián está sentado en la cama,

con las piernas cruzadas.

Enfrente, tiene a Oso.

Julián está hablando con Oso.

Mamá es Oso y Oso es mamá.

Yolanda baja las escaleras.

Su papá está sentado a la mesa, bebiendo una taza de café.

Yolanda se sienta también.

«Papá, ¿dónde crees que está Mamá ahora?»

«Bueno... », dice él.

Hay un momento de silencio.

Después, toma la foto de mamá y la pone sobre la mesa.

«Aquí es donde está mamá ahora, para mí.

Entre nosotros, sobre la mesa.

Pero también está en este cuadro que pintó.

Y en esta taza que encoló cuando se rompió.

Y en la silla donde siempre se sentaba.

Y en su abrigo, que sigue colgado del perchero».

Mamá está en las cosas y las cosas son mamá.

Esa noche, en la cama, Yolanda piensa en Julián y en papá.

Toma a Conejito, su peluche.

Mamá hizo a Conejito para ella.

Yolanda abraza a Conejito con fuerza.

Se siente bien.

Yolanda huele a Conejito.

Y Conejito huele a Yolanda.

Pero Conejito también huele a mamá.

Tiene el aroma de mamá.

De pronto, parece que mamá está aquí mismo.

Si cierra los ojos,

es como si mamá la acunara.

Mamá es Conejito y Conejito es mamá.

Al día siguiente, viene de visita la tía Cristina.

Es la hermana de mamá.

«Tía Cristina, ¿sabes dónde está mamá ahora?»

Ella se echa a llorar.

Yolanda se asusta.

«Son lágrimas de alegría, mi amor.

Me agrada que preguntes por tu mamá.

Mientras hablemos de ella, seguirá con nosotros.

Si dejamos de hablar de ella y no volvemos a pensar en ella,

entonces se habrá ido de verdad».

El resto de la tarde la tía Cristina le cuenta historias sobre mamá.

Es como si mamá estuviera allí con las dos.

Mamá está en las historias y las historias son mamá.

Una semana más tarde, Yolanda visita a su abuelo

y a su abuela, el padre y la madre de mamá.

Yolanda entra en la cocina.

«Abuela, ¿dónde crees que está mamá ahora?»

La abuela se limpia la mano en el delantal y se sienta.

Asiente con la cabeza una y otra vez, pero no dice nada.

Después, se pone de pie y sale de la cocina.

Yolanda la sigue.

Su abuela pone un álbum de fotos sobre la mesa.

Pasa las páginas y señala una imagen.

Yolanda la mira, pero no entiende nada.

«Abuela, ¿por qué me enseñas una foto de mí?»

Su abuela sonríe con los ojos llenos de lágrimas.

«No eres tú, cielito, es mamá».

Mamá es Yolanda y Yolanda es mamá.

Yolanda va al cementerio con su abuelo.

A él le gusta cuidar de la tumba de mamá.

«Abuelo, ¿dónde crees que está mamá ahora?»

El abuelo suelta el rastrillo y se sienta en la hierba.

«Debajo de esta hierba hay tierra», dice el abuelo,

«y mamá está enterrada en esa tierra.

Sin prisa, pero sin pausa, se convertirá de nuevo en tierra.

En primavera, la hierba y las flores crecerán en esa tierra.

Para mí, será como volver a ver a tu mamá.

De algún modo, regresará a la vida

en una flor, en una lombriz que saca

la cabeza del suelo

o en una manzana deliciosa que crece del árbol».

Mamá es la naturaleza y la naturaleza es mamá.

De vuelta a casa,

el abuelo lleva a Yolanda a una esquina del jardín.

«Mira, mi niña, esas rosas que crecen allí.

Las plantó tu mamá cuando tenía más o menos tu edad.

Florecen todos los años. Incluso ahora, que se ha ido.

Son otra forma de que mamá siga viva».

Con cuidado, el abuelo corta la rosa más bonita y se la entrega a Yolanda.

«Ponla en un jarrón junto a tu cama.

Así, tendrás a mamá muy cerca».

Mamá es la rosa y la rosa es mamá.

Al día siguiente, el despertador suena temprano.

Willa, la mejor amiga de Mamá, va a llevar a Yolanda a la playa.

«Para mí, tu mamá está aquí», dice Willa mientras caminan por la orilla del mar.

«¿Dónde?», pregunta Yolanda.

«En el viento. El viento no se ve, pero se siente.

Pasa lo mismo con tu mamá.

No la ves, pero sigue aquí.

Abre los brazos, cielo, cierra los ojos y piensa en mamá.

Entonces, la sentirás».

Por un instante, Yolanda se olvida de todo.

Entonces, siente los brazos de mamá que la abrazan.

Lo que hace que Yolanda sienta calor en el corazón.

Mamá es el viento y el viento es mamá.

Cuando se va a la cama, Yolanda se queda un rato despierta.

De repente, se acuerda de las palabras de su profesora.

«Creo que ahora tu madre es una estrella preciosa en el cielo.

Una estrella que brilla por la noche y te protege mientras duermes.

Una luz que te alumbra en la oscuridad.

Cuando eches de menos a tu mamá, mira el cielo por la noche.

Puede que la veas en algún lugar, entre todas las estrellas».

Yolanda abre las cortinas y mira hacía arriba.

Aunque mamá está muy lejos, en este momento la siente muy cerca.

Mamá es una estrella y la estrella es mamá.

Esa noche, Yolanda tiene un sueño precioso.

Está sentada sola en un banco.

Y viene mamá y se sienta a su lado.

Así, sin más. Como hacía antes.

«Hola», dice Yolanda, «aquí estás.

Te he buscado por todas partes».

Mamá se acerca y le da un beso.

«Ahí es exactamente donde estoy, mi vida».

Cuando papá la despierta con un beso a la mañana siguiente,

Yolanda le dice: «Ya sé dónde está mamá ahora».

«¿Dónde?», pregunta papá.

«¡Mamá está en todas partes!».