Verano en Naón

Marian Erro

El sol pega fuerte, seco, hasta la noche es calurosa. La siesta es imprescindible para mi edad, de ninguna manera me voy a perder las excursiones alrededor de la casa y al gallinero.

El gallo me mira desde lo alto, las gallinas me buscan; una es mi preferida, Chiquita, una pigmea marrón, le pongo moños y se los saca.

La bici es otro reto en esas calles arenosas de Naón. Te caías a la zanja seca cuando alguna rueda encajaba en vaya a saber qué.

La fila de árboles da sombra y una maravillosa cantidad de bichos canastos que procedo a reventar, sin asco, los más gordos, el pilar de cemento era el altar del sacrificio.

El verano es largo, lleno de manzanas amarillas y agua cristalina de la bomba en Carlos María Naón.